Hijo de Rafael y María Pastora, nacido en Andes, Antioquia, el 3 de noviembre de 1943. Era miembro de una familia numerosa junto con sus 14 hermanos.
Ingresó a la Orden como aspirante en la Casa de Nuestra Señora de las Mercedes, en Sibaté, el 21 de enero de 1961. Cumplido el tiempo del postulantado, inicia el noviciado el 25 de abril de 1961; profesa los votos temporales el 26 de abril de 1962 y se consagra con la profesión solemne el 26 de abril de 1968.
Estudió el bachillerato académico en el Instituto San Juan de Dios, en Bogotá. Otros estudios: Espiritualidad y Misionología, en el Pontificio Instituto Teresianum, en Roma (1972-1973); Planeación Pastoral, en la Universidad Javeriana (1982); Auxiliar de Enfermería, en la Escuela San Rafael (1979-1980); Pastoral de la Salud (1985 y 1986); cursos de Psicopedagogía y Metodología, en la Universidad Javeriana; Renovación Juandediana, en Bogotá (1979).
En la Provincia Colombiana de Nuestra Señora del Buen Consejo se desempeñó en los servicios de Pastoral de la salud, subjefe de Personal, coordinador en las unidades de hospitalización de los enfermos, profesor de primaria en el Instituto San Juan de Dios. Fue catequista para la preparación de niños a la primera comunión. Se distinguió en los diversos centros por transmitir todas las mañanas el mensaje “Minuto Juandediano”. Fue también hermano Limosnero en Bogotá, cuidaba y servía a los enfermos en turnos durante la noche (Sereno). De igual manera atendió la sacristía en varias casas de la Provincia. Fue tres veces Vocal a los Capítulos Provinciales, fue superior de la Comunidad San Rafael de Bogotá y fue consejero provincial.

El Hno. Vidal José Quiroz Pulgarín, en el jubileo de sus «50 años de Vida Consagrada», dio testimonio de fidelidad y agradeció a Dios, a la Virgen María y a san Juan de Dios por todos los beneficios recibidos. Aquella fecha fue ocasión propicia para ratificar su sagrado compromiso como hermano hospitalario, siempre bajo el carisma y el espíritu del «Hombre que supo amar», bebiendo en la fuente de la espiritualidad de la Orden: vida fraterna y comunitaria, apostolado con y junto a los enfermos y pobres, trabajo de humanización y evangelización, según las orientaciones de la Iglesia católica.
El empeño y entrega en el día a día, para el hermano Vidal José, fue definitivo; resaltaba la reflexión y vivencia de la Palabra de Dios, la dirección espiritual y la práctica de los sacramentos, especialmente, la Eucaristía como centralidad. Vivía agradecido por el testimonio de los hermanos, lo que le ayudaba a crecer en la vocación hospitalaria.
El Hermano fue muy cercano a los grupos de voluntariado para animar, acompañar y promover la misión, lo mismo hizo con Trabajo Social.

Toda esta andadura de hospitalidad misericordiosa ha sido un regalo de Dios.

Gracias, hermano Vidal José, por su vida, por su vocación y por su fidelidad y perseverancia hasta el final.