La “historia de mi vocación” comenzó en 1996. En aquel entonces, el Hno. Francis Perrotta se ocupaba de cuidar de cuatro niños especiales en lo que a continuación se convertiría en “Bahay San Rafael”. Me contrató para que le ayudara como miembro del personal interino durante nueve meses. 

 

Cuatro años más tarde, uno de los “padres adoptivos” de la casa falleció y los Hermanos me preguntaron si quería ser miembro permanente del personal de atención de los niños. Les contesté que sí y desde entonces actuo como tutora o “madre adoptiva” de siete niños especiales de la casa “Bahay San Rafael”. Servir a los niños con discapacidades es un trabajo que plantea muchos desafíos. Sin embargo, me ayudan mucho mis estudios en Trabajo Social. 

 

Durante mis prácticas en varias instituciones y en varios seminarios, me he ajustado fácilmente a servirles. Los niños me dan una gran alegría cada vez que estoy con ellos. Me ayudan mucho cada vez que tengo problemas o dificultades. Son la fuente de mis fuerzas. Esta es la razón por la que les quiero tanto y los trato como si fueran mis hijos. En las cosas materiales no hay equivalentes de esa gran alegría que vivo yo cada vez que estoy con mis “ángeles”. 

 

Me encanta compartir con ellos lo que he aprendido y mis conocimientos. Ellos tienen su propia forma de comunicar y de mostrar que comprenden. Estoy muy agradecida de ser una “madre adoptiva” de estos niños en la casa. Ellos, y los Hermanos, siempre están presentes en mis oraciones.

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