Soy un Hermano Escolástico de Filipinas. Estoy cursando estudios universitarios en la facultad de Trabajo Social. Recientemente varias áreas de las Islas Filipinas fueron devastadas por el tifón Haiyán (conocido como Yolanda en Filipinas), que cobró muchas vidas.

 

Visité un lugar en el que brindamos ayuda a la población para la rehabilitación. Fue una experiencia que te partía el corazón y no podíamos dejar de preguntarnos cómo habían podido sobrevivir esas personas. Al desembarcar del avión y ver la miseria en la que se encontraba la gente, le pregunté a Dios por qué había sucedido una catástrofe semejante. Naturalmente esta pregunta, que la gente se ha planteado durante cientos de años, no tuvo respuesta. Sin embargo, sentí que Dios podía mostrar su amor y su misericordia a través de mis esfuerzos por ayudar y consolar a la gente. Mientras trabajaba con los supervivientes del tifón, recodaba a menudo las palabras de San Juan de Dios: “Si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer el bien mientras pudiésemos”. 

 

Al reflexionar sobre mi relación con Dios, me conmueve profundamente la misericordia que me ha mostrado. Un ejemplo de dicha misericordia es el hecho que me haya elegido para servirle en la Hospitalidad. Pensé: “Ahora, entre estas personas que sufren, es mi turno para revelar la misericordia de Dios, a través de mi forma de tratarlas y de relacionarme con ellas. 

 

Durante todas las fases de recuperación y rehabilitación, mi corazón estuvo lleno de alegría, porque, de alguna manera, les estaba transmitiendo la fe, la esperanza y la caridad necesarios para revelarles el amor de Dios a través de la Hospitalidad.

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