Mi busqueda vocacional durante mi niñez comenzó con una atracción inicial por el sacerdocio, puesto que casi a diario asistía a los sacramentos impartidos por los sacerdotes diocesanos que celebraban a diario la Eucaristía y que eran mis confesores habituales en la parroquia, donde yo era monaguillo.  

 

Había cursado estudios como profesor capacitado en TIC y enseñaba en un Centro de Formación de Profesores en Masaai Land (T.T.C), en la diócesis de Ngong, que es actualmente la Universidad de Moi. Entonces tenía un gran deseo de entrar en el sacerdocio en cualquier diócesis. En aquel momento, yo era el Coordinador de los Jóvenes de la diócesis de Ngong. Dedicaba todos mis pensamientos y mi tiempo a la Iglesia y por la Iglesia. Sin embargo, en el curso de mi viaje siempre me planteé muchas preguntas sobre el porqué de mi deseo de abandonar el trabajo para servir a la Iglesia. No encontraba la respuesta exacta, pero sabía que tenía ese deseo, que era lo que más me atraía y lo que deseaba vivir.

 

Mi primer encuentro con los Hermanos de San Juan de Dios me llegó casi como un milagro cuando, por casualidad, tuve que viajar a Tigania, diócesis de Meru, mi lugar de nacimiento, para pasar ahí mis vacaciones. La idea de ser Hermano surgió en mí cuando conocí al Hno. Innocent Phiri de Zambia, a quien tuve el privilegio de conocer durante mis vacaciones en la Parroquia de Tigania. Para ser sincero, admito que me quedé admirado por su atuendo y por su forma de hablar conmigo. Nos conocimos en una misa celebrada por la mañana en la parroquia. Cuando fui a visitar a los Hermanos ese mismo día en la comunidad, encontré la misma atmósfera. Conocí al Hno. Patrick Nshdamze, que entonces era el Provincial, y a otros Hermanos de la comunidad. El Hno. Patrick me dio un lapicero y un devocionario. Tras haber compartido un poco con los Hermanos de la comunidad aquel día, volví a casa, escoltado por el Hno. Innocent, y me sentía muy feliz por haber encontrado un sitio al que sentía pertenecer. En aquella época comenzaron mis visitas y mis comunicaciones con los Hermanos, que mantuve durante cierto tiempo, lo que me ayudó a discernir mi vocación.

 

Volví a mi trabajo después de las vacaciones, pero seguí comunicando con el Hno. Innocent y el Hno. Patrick por teléfono y por correo electrónico. Sabía que mi corazón estaba muy dispuesto y me sentía listo, pero me hicieron esperar durante cuatro años. Nunca perdí la esperanza gracias a los ánimos que me infundieron. En ese punto estaba solo y en el centro de formación de Malawi estaban realizando obras de reforma, de manera que no podía hacer más que esperar. Me presionaron para que tomara pronto una decisión, cosa que yo hice rápidamente puesto que sabía lo que quería. En aquellos tiempos ya estaba el Hno. Raphael (como Provincial) y él me ayudaba a comprender mejor a los Hermanos de San Juan de Dios. La esperanza de acceder al sacerdocio ya me había abandonado, de forma que tenía dos opciones: podía seguir con los Hermanos de San Juan de Dios o buscar otra Congregación. Sin embargo, Dios tenía otros planes para mí y San Juan de Dios aun me esperaba.

 

Seguía rezando cada vez que escribía un correo electrónico o que comunicaba con los Hermanos, rogándole a Dios que permitiera que se hiciera su voluntad. Seguía molestándole y escribiéndole y llamaba al Hermano casi a diario. Mis oraciones se toparon con un silencio mortal pero, visto que me presionaba el deseo de dar una respuesta definitiva, me vi obligado a hacer una apuesta con el silencio de Jesus. El viaje nunca me pareció muy largo puesto que los Hermanos me mostraron hospitalidad a partir del primer día y enseguida me sentí como en casa.

 

En breve, sabía que mi viaje había comenzado y me encontraba en el sitio al que pertenecía, de manera que no tuve arrepentimientos sobre mi decisión. Ese día yo había decidido seguir a Jesus como Hermano Religioso. Si bien la lógica de mi opción no me quedaba clara, creía que las circunstancias de mi vida parecían apuntar hacia esa dirección. Por fin, recibí un email donde me proponían que aceptara que algunos Hermanos visitaran a mi propia familia. Así fue, fueron a visitar a mi familia, guiados por el Hno. Ambrose Dery y el Hno. Albert, si bien el Hno. Innocent ya había realizado anteriormente varios viajes para visitar a mi familia.

 

Llegué a Malawi el 14/7/2006, solo, sin ningun conocimiento del sitio donde iba. Ahí había de unirme a otros tres jóvenes llenos de energías de Malawi y de Zambia. Me recibió el Hno. John Bangsi, cuya sonrisa me tocó en lo más profundo del corazón y sentí que ésta era la familia a la que pertenecía, aunque me encontraba nuevamente en una tierra extranjera. Al llegar a la comunidad de Mzuzu, Malawi, me dieron la bienvenida el Hno. Aiden Clohsey y el Hno. John Minh. Debía comenzar mi Postulantado el 15/8/2006, para dar inicio, por fin, a la realización de los sueños que tanto había esperado.

 

Desafíos con los que me topé en el camino 

El recuerdo de las palabras de mi Vicario General de la Diócesis de Ngong sigue vivo en mi mente hasta la fecha: “La hermandad es una confusión de las vocaciones”. ¿Hermano religioso? No me demoré mucho en darme cuenta de que muy pocos comprendían el camino que estaba emprendiendo. Los miembros de mi familia aceptaron mi decisión y se alegraron de saber que yo  entraría a formar parte de la vida religiosa. Su mayor temor era si yo conseguiría llegar a ser lo que deseaba. Me dieron su bendición y me marché, por fin comenzaba mi viaje.

 

Pensé que las falsas ideas sobre la vocación de los Hermanos predominaban sólo entre los laicos, que quizás no contaban con una formación sobre la teología de la vida religiosa. Sólo sabían que el Hermano religioso es un profesional con capacidades técnicas, que puede  realizar cualquier tipo de trabajo. Esto es completamente distinto en la Familia Hospitalaria.

 

Postulantado

Mi postulantado estaba muy bien organizado y coordinado, con varios programas y facilitadores que nos impartían las clases. Fue una experiencia sumamente positiva, si bien con algunos retos para mí, puesto que era mi primera experiencia. A nivel de mi madurez, realmente disfrute el programa del Postulantado, a pesar del apostolado, que realizábamos tres veces por semana. El mayor desafío para mí consistía en acostumbrarme al idioma de la población local y adaptarme a la nueva vida que había comenzado a vivir pero de la que no tenía ninguna experiencia.

 

Noviciado

Cursé los estudios del Noviciado en Lomé, Togo. Durante dos años tuve el privilegio de asistir al Instituto San Pablo para cursar estudios y formación religiosa. En el proceso, viví las dificultades que tiene el Hermano  Religioso al vivir en una verdadera hermandad. Durante dos años tuve el privilegio de asistir al instituto San Pablo para realizar mis estudios y formación religiosa.

 

En el proceso, las dificultades que encuentra el Hermano religioso de vivir una forma de verdadera fraternidad con mis demás hermanos fueron como una afirmación contracultural en contra de la perspectiva prevaleciente de la agresión masculina, la dominación y la indestructibilidad y todo esto apunta hacia la posibilidad de establecer lazos entre hombres, con amistad y fraternidad, aspectos esenciales de la intimidad, madurez y compromiso cristianos. Fueron verdaderos desafíos por la edad, el idioma y las barreras culturales.

 

Me alegró vivir esos dos años con un solo corazón y compromiso, bajo la dirección del Hno. Leon y sucesivamente del Hno. Etienne Sene. Su orientación fue incluso más que paterna. Mi momento más difícil fue cuando murió mi cuñada, la esposa de mi hermano, y mi queridísimo padre, sabiendo que no tenía la posibilidad de ir a despedirme de ellos, los dejé en las manos de Dios.

 

Escolasticado 

Al haber concluido mi camino en el Noviciado, tenía que viajar a Nairobi, Kenia, para la fase de formación del escolasticado, donde cursaría estudios de espiritualidad. En Nairobi estaba en mi casa, y ya no estaba sólo como estudiante, sino como Hermano Hospitalario con votos. Todo tenía que cambiar. El desafío que tuve que afrontar consistía en dar a entender a la gente mi misión y mi camino, que había emprendido libremente.

 

Le pedí a Dios que me ayudara a afrontar esta realidad y que ayudara a los demás a entenderme a mí y mi nuevo estilo de vida. Estos desafíos nunca cambiaron mi pensamiento ni mi corazón, puesto que ya estaba preparado. Cursé dos años de formación en el Tangaza College, bajo la dirección del Hno. Nicholas Nsale, desde 2009 hasta 2011. El viaje fue tranquilo y cómodo, si bien tuve que afrontar nuevos retos de vez en cuando. El espíritu de San Juan de Dios seguía guiándome durante todo el camino y pude beneficiarme también de la unidad que nace del amor fraterno.

 

Conclusión

He de decir que los Hermanos de San Juan de Dios son mucho más  de lo que la gente en general sabe sobre ellos. Son sumamente hospitalarios, bondadosos y generosos, y tienen una gran capacidad de acoger al prójimo. Son una verdadera familia, que en áfrica está formada casi totalmente por Hermanos nativos. Durante todo el tiempo que he vivido con los Hermanos he sentido que pertenezco verdaderamente a la familia. 

Agradezco a Dios todopoderoso y le ruego que nos siga bendiciendo con abundancia a todos los Hermanos de San Juan de Dios. Puedo decir que: “Si contara la bondad de Dios que he vivido en esta familia, serían más que los granos de arena de la orilla del mar”.

 

De todo corazón deseo expresar mi gratitud a Dios por haberme bendecido con el don de la vida, la gracia de mi llamada bautismal y de mi vocación en la Familia Hospitalaria. Su amor, su fuerza y su apoyo me han permitido ver este día y tener la posibilidad de expresar humildemente mi gratitud por haberme sostenido en esta Familia hasta la fecha.

Compartir este contenido