Juan de Dios, siguiendo los pasos de Jesus, nos invita a la “hospitalidad de Dios“. Sólo cuando aceptamos a Dios como “anfitrión” podemos ser plenamente humanos y alcanzar la paz. Mi madre, Pauline McPhee, miembro del servicio de auxiliares del hospital de los Hermanos, fue quien me presentó por vez primera, cuando aun era un niño, la hospitalidad juandediana.

 

Me llamo Andrew y muchos años más tarde empecé a trabajar en la Curia Provincial de la Provincia de Oceanía en Sidney, Australia. Mi cargo me brindó muchas oportunidades maravillosas, que incluyen un encuentro de Hermanos y Colaboradores del Sureste Asiático que se celebró en Corea, y mi participación en el Capítulo General de 2006. Sin embargo, considero aun más memorables las oportunidades que he tenido cada tanto de conocer a los pacientes.

 

He aprendido que la Hospitalidad de Juan de Dios atrae a personas de los márgenes de la sociedad – personas sin hogar, enfermos mentales, personas con discapacidad – y les ofrece aceptación y comprensión. Al conocer a estas personas me sentí enriquecido y vivificado y atraído hacia lo que nos hace íntegros. Es una gran paradoja encontrar a Dios en la debilidad y no en la fuerza, en el fracaso y no en el éxito. Cuando las obras de los Hermanos de Australia y Nueva Zelandia se fusionaron en la PJP “Servicios de Salud de San Juan de Dios”, asumí el cargo de Director de Misión.

 

El modelo ejemplar de los Hermanos de lo que significa ser hospitalarios me ha brindado bases sólidas para desempeñar mi cargo, cuyo propósito es mantener un enfoque claro en el carisma de la hospitalidad segun el estilo de San Juan de Dios.

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