Monición
Cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba caminando sobre las aguas, pensaron que se trataba de un fantasma y tuvieron miedo. Pero enseguida Jesús los tranquilizó con una palabra que siempre debe acompañar nuestra vida y nuestro camino vocacional: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (v. 27).

Esta es precisamente la segunda palabra que deseo daros: ánimo. Lo que a menudo nos impide caminar, crecer, escoger el camino que el Señor nos señala son los
fantasmas que se agitan en nuestro corazón. Cuando estamos llamados a dejar nuestra orilla segura y abrazar un estado de vida, como el matrimonio, el orden sacerdotal, la vida consagrada, la primera reacción la representa frecuentemente el “fantasma de la incredulidad”: No es posible que esta vocación sea para mí; ¿será realmente el camino acertado? ¿El Señor me pide esto justo a mí?

Y, poco a poco, crecen en nosotros todos esos argumentos, justificaciones y cálculos que nos hacen perder el impulso, que nos confunden y nos dejan paralizados en el punto de partida: creemos que nos equivocamos, que no estamos a la altura, que simplemente vimos un fantasma que tenemos que ahuyentar.

Mensaje del Santo Padre por la 57º Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.
Texto bíblico: San Mateo 28, 8-15

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:  «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».

Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Reflexión

En este trozo del Evangelio encontramos dos palabras que llenan la Pascua y dan un sentido nuevo a la vida: ”alegraos” y “no temáis”. Descubrir que la muerte no es el final, que Él vive… tiene que ser para todos nosotros motivo de una gran alegría, de alegría de resucitados, de hombres nuevos. El dar la vida en la cruz ha sido la puerta de la Vida con mayúsculas, de la resurrección. Pero la alegría que se nos propone no es de momentos concretos, sino que es de proyecto de vida.

La Resurrección la podriamos comparar con el don de la vocación al descubrirnos queridos, salvados,  perdonados, escuchados, acompañados… para siempre. El encuentro con Él es un regalo inesperado que convierte la tristeza de aquellas mujeres en una alegría no pasajera. Nos toca ahora la tarea de anunciar, la misión de proclamar su resurrección, continuar denunciando las injusticias, ser colaboradores del Reino de Dios, recrear la hospitalidad… Y para ello se necesita valentía y dejar el miedo a un lado.

Vivir sin miedo y con alegría son parte de nuestras señas de identidad como seguidores suyos. Alegres y sin miedo al saber que está vivo. Alegres y sin miedo por ser llamados a vivir la Hospitalidad al servicio de los más vulnerables y en comunidad.

Una característica de nuestro modelo formativo

Personalizada: El proceso de formación personalizado presta atención a cada persona en su singularidad, la valora en todo lo que ella es y respeta y estimula su ritmo de crecimiento. Los formandos deben tomar conciencia de su propia realidad y del don recibido de Dios, para desarrollar todas sus potencialidades humanas y espirituales. Igualmente, han de ser capaces de asumir con responsabilidad, dinamismo y creatividad su proceso formativo e interiorizar los valores y la cultura de la Orden.

Petición del día
En nuestro mundo sigue habiendo muchas personas que carecen de las condiciones mínimas para vivir. Te pedimos por todas las personas que sufren y que son atendidas en nuestros centros: enfermos, ancianos, transeúntes, presos, drogadictos, alcohólicos y los que pasan por cualquier necesidad, para que sientan la fortaleza de Dios en sus vidas y nosotros podamos dar respuesta a sus necesidades. Oremos Oración por las Vocaciones Hospitalarias.

Padre de misericordia, que has entregado a tu Hijo por nuestra salvación y nos sostienes continuamente con los dones de tu Espíritu, concédenos comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres, que sean fuentes de vida fraterna y que despierten entre los jóvenes el deseo de consagrarse a Ti y a la evangelización.
Sostenlas en el empeño de proponer a los jóvenes una adecuada catequesis vocacional y caminos de especial consagración.
Dales sabiduría para el necesario discernimiento de las vocaciones de modo que en todo brille la grandeza de tu amor misericordioso.
Que María, Madre y educadora de Jesús, interceda por cada una de las comunidades cristianas, para que, hechas fecundas por el Espíritu Santo, sean fuente de auténticas vocaciones al servicio del pueblo santo de Dios. Amén