La historia

Hablar de “Millennials” o de “Cultura Millenials” es intentar contextualizar la realidad social de lo que hoy vivimos, donde los jóvenes son protagonistas, pasando a un primer plano: su poder e influencia es mucho mayor en la actualidad. Los jóvenes constituyen sin duda un sector sobresaliente dentro de la comunidad. Hoy en día, tienen una experiencia mayor intentando diferenciarse de manera disruptiva a lo que históricamente sus predecesores estaban enfrentados, donde no es lo mismo que ser joven hace diez o quince años atrás: tienen acceso a mayores recursos que otras generaciones no tuvieron y la ausencia del compartir en familia y sus valores, hacen que muchas veces los jóvenes de ayer, hoy en día padres, no entiendan las necesidades y la sobreexposición a la que hoy están expuestos, tienen una vida variada en múltiples intereses, principalmente basada en su red social: sus amigos, sus actividades, su música, su TV, su cine, sus fiestas, sus deportes, sus romances, sus videojuegos, en fin, en sus gustos. Tienen acceso a conocimientos e informaciones sin comparación en la historia, pero se acostumbra a la “gratificación instantánea”. Esta cultura de lo inmediato aplica a encontrar “la respuesta”, sin necesidad de un esfuerzo de por medio; consecuencia de ello, no genera valor al resultado, por lo tanto, al no existir esfuerzo, se descarta con la misma velocidad que fue adquirido: la cultura de lo desechable. Entonces, tenemos que estos gustos, preferencias e intereses no están definidos por la familia o la institución educativa, ni tampoco por la sociedad, sino que están definidos por la sobreexposición y sobreinformación de medios de comunicación, publicidad de multinacionales, es decir, valores promovidos por el cine, la TV, la música, artistas, videojuegos, red social y la intensa combinación de todos los anteriores de esta realidad hiperconectada.La transformación a una cultural híbrida, la valoración de lo particular por sobre lo común y cotidiano, la sobrevaloración de la subjetividad individual y este individualismo en sí debilita los vínculos comunitarios, así como el interés por ser parte cambio de la realidad, sea local o global.

Entendemos entonces que la juventud en general es una experiencia nueva, están “videoformados”, que nacen entre pantallas y redes, los límites demográficos entre 15 y 24 años ya no corren; el paso de la educación y trabajo y paso de familia de origen a la propia, el cortar la infancia y alargar la adolescencia, la búsqueda de algo propio y diferente termina siendo una búsqueda en lograr la realización personal sobre lo comunitario.

La inestabilidad laboral y los altos índices de desempleo responden a una dinámica de ver jóvenes como mano de obra barata y todo lo que eso conlleva, pocas posibilidades de desarrollarse e independizarse, se les exige experiencia y alto nivel educativo, hay más escolaridad, pero mayor desempleo y bajas remuneraciones.

Este contexto cultural se transforma finalmente en una “cultura de lo provisorio” donde el amor se puede conectar o desconectar y existe una medición del costo beneficio donde todo es desechable y afloran los narcisismos que no dejan ver más allá de sí mismos; ideologías de desvalorización de la familia y sus valores provocan finalmente un estanco emocional, sexual y sentimentalismo. Es allí donde la familia cumple la principal tarea, donde la entendemos como la institución de excelencia de formación, donde se forman y consolidan los valores y principios sólidos de los niños y jóvenes, pero la desfragmentación de la misma se ve hoy en día como una normalización, donde lo desechable, pasajero y deseo de inmediatez se califica como algo natural, donde se pide sin dar nada a cambio.

Entonces, es allí donde nosotros debemos poner nuestra atención, en la formación rescatando lo más íntimo de los valores familiares y volteando esta mirada lúgubre de esta generación, reconocer que ser joven hoy es tan complejo como antes, rescatando algo que hemos pasado por alto muchas veces: la capacidad de adaptación. En la actualidad, y en este mundo globalizado, no creemos que los jóvenes hayan perdido el sentido de la vida, sino que lo miran desde otro punto de vista, es decir, todo el mundo se encuentra conectado, sabemos lo que pasa en el otro lado del mundo con un solo abrir y cerrar de ventanas en Internet, todo circula más rápido y esta velocidad hace que tengan una visión más rápida del mundo que hay y de lo que quieren tener. Los jóvenes siempre han sido el motor de cambio, hoy ellos aspiran a mejorar siempre como signo de esperanza, gozo y felicidad, además, es muy sensible a los problemas sociales y exige autenticidad y veracidad, rechaza con rebeldía una sociedad invadida por la hipocresía y los antivalores, ávidos de justicia social, igualdad y solidaridad; pero con dolor, podemos afirmar que nuestra sociedad actual está muy lejos de ser la sociedad en que tienen derecho a vivir hoy.

Hoy en día, y frente a todo lo planteado, el exitismo al que están enfrentados determina que no hay compromiso de vida alguno, sean laboral, sentimental o personal, no forman familia ni pareja antes de los 28 años, poniendo una vez más lo individual a lo comunitario, es allí que la realidad de hoy es que después de los 30 años, salen de la casa de sus padres y se plantean un proyecto de vida duradero, la decisión madura de familia o vida consagrada es después de los 30 años. Se debe responder a esta realidad con un trabajo coordinado, planificado y enfocado sin perder la transversalidad de los jóvenes, pero respondiendo a la particularidad en el trabajo pastoral de cada país, estar renovarnos y creativos en ser una alternativa de vida para estos jóvenes, con alta conciencia social, que buscan una sociedad más justa pero que la Iglesia no es una opción de vida. La Pastoral Juvenil y Vocacional deben ir de la mano en cada acción propuesta, no existe una pastoral vocacional si no hay juvenil, y esta debe ser un aporte significativo en la estructura de la Iglesia, donde cada uno debe asumir sus roles, desde sacerdotes, religiosos hasta laicos, incorporando a estos jóvenes que buscan un cambio donde revitalizar es crear, entendiendo que la juventud es el espejo revitalizador y las propuestas deben estar en el orden de participar en los principios de ellos donde se debe formar una fuerte espiritualidad, tener una misión, y pequeños grupos; por lo mismo se debe plantear un constante proceso formativo y dedicar tiempo, recursos y energías con ellos, debemos entender también, que en este contexto todos somos responsables de esta pastoral, es decir, todos somos agentes vocacionales: familias, laicos, religiosos. En las familias no está la educación en la fe, los padres deben asumir y ser los primeros motivadores, a su vez, todos quienes somos parte de la Iglesia también debemos asumir y valorar todas las vocaciones, incluyendo la soltería como una opción. Es aquí donde la oración se hace fundamental, ya que es el medio de respuesta, el EVANGELIO DE LA VOCACION, para promover y provocarlas, asumiendo que quien ora trabaja incansablemente por crear cultura vocacional. Hay que tener confianza en los jóvenes y en el Señor, Debemos ser capaces de preguntarnos si estas estructuras dan respuesta a los jóvenes, y si ellos respetan las normas y el rito. Se debe vencer la tentación de que algunos ambientes ya no es posible suscitar vocaciones. Tener la lucidez y la mirada aguda y de fe en cómo crear acercamiento antes de hablar de Jesucristo. El joven quiere ver testigos de Cristo, el joven quiere ver el modelo a seguir. Nuestra respuesta debe estar diferenciada, normada, eclesial, evangélica, comprometida y responsable; sobre todo ser acompañada y perseverante teniendo una mirada dinámica y ser participativos, alegres; una pastoral juvenil esperanzada, arriesgada y confiada, llena de Jesús.

El Santo Padre, el Papa Francisco en el congreso internacional “Pastoral Vocacional y Vida Consagrada. Horizontes y esperanzas”, el 28 de noviembre recién pasado decía que “hablar de pastoral vocacional es afirmar que toda acción pastoral de la Iglesia está orientada, por su propia naturaleza, al discernimiento vocacional, en cuanto su objetivo último es ayudar al creyente a descubrir el camino concreto para realizar el proyecto de vida al que Dios lo llama. El servicio vocacional ha de ser visto como el alma de toda la evangelización y de toda la pastoral de la Iglesia” “Toda vida es vocación… desde el nacimiento se da a todos, en germen, un conjunto de aptitudes y cualidades que hay que hacer fructificar: su pleno desarrollo, fruto a la vez de la educación que da el ambiente y del esfuerzo personal, le permitirá a cada uno orientarse hacia el destino que le propone el Creador”

La cultura actual nos pone nuevos desafíos, pues el mensaje del individualismo y éxito económico es muy fuerte, donde una vida dirigida por otros valores como la donación y la fe pareciera perdida y fracasada. Nosotros sabemos y proclamamos con fuerza que esto no es verdad. La vida verdadera, la plenitud del corazón humano, es amar y entregar la vida; es el ejemplo de Jesús y de los santos. Es por estas voces aparentemente excluyentes y contradictorias que se hace necesario avanzar en la cultura vocacional y del discernimiento. El testimonio de los consagrados, consagradas, religiosos, religiosas y sacerdotes es fundamental.

Por Claudio Cortes. Pastoral Vocacional.
Provincia Sudamericana Meridional.

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