Con la Celebración Eucarística en la Catedral de Lima conmemoramos la Festividad del Venerable Francisco Camacho

Con devoción celebramos hoy la Fiesta del Venerable Francisco Camacho, Religioso de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, un hombre singular por el ejercicio de la caridad sin límites, la vivencia de las virtudes heroicas y espiritualidad hospitalaria, singular por las gracias recibidas de Dios y por su correspondencia a ellas.  Conocido como el Limosnero de Lima, expresaba su amor entrañable por los enfermos y necesitados, saliendo a pedir humildemente y con celo infatigable las limosnas que permitieran sostener la Obra de San Juan de Dios, promoviendo así la construcción de un nuevo hospital para seguir atendiendo a los enfermos y necesitados en mejores condiciones de calidad y calidez.

Compartimos algunas imágenes de lo que significó la Celebración Eucarística con este importante motivo, misma que se desarrolló en la Basílica Catedral de Lima, lugar donde se conservan los restos de nuestro Venerable Francisco Camacho en la Capilla dedicada a Nuestra Señora de La Paz.  La Eucaristía estuvo presidida por Monseñor Guillermo Elías Millones – Obispo Auxiliar de Lima; y contó con la participación de Hermanos y Colaboradores del Equipo Provincial, Zona de Gestión Pacífica y la Clínica San Juan de Dios Lima, liderados por el Hno. Gudiel Sánchez, OH. – Consejero Provincial, Responsable de la Gestión de Vida de Hermanos y Gestión de Centros de Zona Pacífica.

De esta forma recordamos el valioso legado del Venerable Francisco Camacho durante su paso por esta vida, dejando huellas en el camino de la Hospitalidad, huellas que hoy nos motivan e invitan a seguir impulsando la maravillosa misión de acoger y servir a los enfermos y necesitados al fiel estilo de San Juan de Dios, que promueve una asistencia integral y humanizada centrada en la persona asistida y su familia.

Conozcamos más sobre la vida de nuestro Venerable Francisco Camacho

Nació en Jerez de la Frontera (Cádiz), en 1630; falleció en Lima (Perú), el 23 de diciembre de 1698. Venerable religioso de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

Un hombre singular por el ejercicio de la caridad sin límites, por la experiencia de las cosas del espíritu, la vivencia de las virtudes heroicas y espiritualidad hospitalaria, singular por las gracias recibidas de Dios y por su correspondencia a ellas.

Fue bautizado el 20 de mayo del mismo año de su nacimiento. La Providencia le guió por los mismos caminos que había recorrido el que había de ser su modelo y guía de consagración a Dios y a los que sufren, san Juan de Dios. De joven ayuda a su familia como jornalero agrícola.

A los veinte años se incorpora a la vida militar, asiste a la guerra en Cataluña y participa en la defensa de Lérida, liberada del asedio de los franceses (18 de junio de 1647) y con la conquista de Barcelona (11 de octubre de 1652) termina la contienda.

Entra entonces en la Marina Real y su barco es asignado a la defensa de las costas de Andalucía.

Por el año 1653, estando en Cádiz, es condenado a muerte, pero fue perdonado en el último momento y confirmado en el servicio. Se alista después como sargento en una escuadra naval que sale para América. Desembarca en Cartagena de Indias (Colombia).

Cae enfermo, es atendido y curado, en el hospital de los Hermanos de San Juan de Dios que atendían en aquella ciudad un importante hospital, donde se habían establecido en 1572, a su vez gestionaban el hospital de San Sebastián. Curado se retira del servicio militar y viaja por Colombia, Ecuador y Perú.

Se establece en Lima (Perú), donde dirige una gran hacienda, pero a los tres años renuncia, igual que a la vida militar, y comienza un tiempo de búsqueda y aventuras por varios países, sin conseguir dar sentido a su vida.

En 1663, al escuchar un sermón del padre Francisco del Castillo, jesuita, recibe tal impacto en su interior que queda impresionado y sigue sus consejos.

Vuelto a Lima, en señal de conversión sincera a Dios, se dedicó a la vida penitente, humillaciones y vida de oración, por lo que fue tratado de loco, y como tal, recluido en un hospital, lo cual le resultó una experiencia positiva. Hace un profundo discernimiento y tiene una memorable experiencia entre enfermos mentales.

El 2 de octubre de 1663, toma una importante decisión en su vida e ingresa en la Orden Hospitalaria de los Hermanos de San Juan de Dios, en el hospital San Diego de Lima, a los treinta y cuatro años.

El 4 de octubre de 1664, hace la profesión religiosa de los votos de obediencia, pobreza, castidad y hospitalidad, y se queda en la misma comunidad como enfermero y limosnero durante el resto de su vida, consagrándose totalmente y para siempre a la hospitalidad. Con la nueva vida como religioso «juandediano», se convierte en el «caballero de la caridad» y «apóstol de la justicia social».

Recorre la ciudad durante sus treinta y cuatro años de vida religiosa, pidiendo limosna para el sostenimiento del hospital, hasta que al fin se hace preciso construir uno nuevo, siendo él personalmente el alma del mismo.

Quiso desde el primer momento, que fueran la obediencia y la humildad los distintivos propios de su vida, después de haber dejado la coraza militar para tomar el hábito, el crucifijo y la oración. Expresaba pues su amor entrañable al pobre y se identificaba con él, mientras lo enriquecía material y espiritualmente. Dedicaba todo su tiempo al hospital. Igual se le veía curando y asistiendo a los enfermos, que orando en intimidad con su «Amigo», o salía a pedir humildemente como limosnero de Lima, con celo infatigable. Por eso se decía, que lo mismo socorría a los pobres con la oración que con su servicio de caridad.

Aparte de su labor directa en el hospital, siempre estaba abierto ante el dolor, la angustia, la miseria, el hambre, socorriendo y manteniendo diversas obras pías, a familias indigentes, a jóvenes en peligro y a gran número de pobres. Incluso se dedicó a la rehabilitación de las mujeres que se dedicaban a la prostitución.

En el Hno. Francisco Camacho lo extraño resultaba natural; lo sorprendente, cotidiano; de tal manera que era natural descubrir en él dotes sobrenaturales de místico, vidente y profeta.

Admirado y venerado en vida, murió de hidropesía en Lima el 23 de diciembre de 1698, y su entierro constituyó una manifestación de triunfo, al ser el humilde exaltado, hasta el punto que participaron en él, en pleno, las autoridades y todo el pueblo. Fue sepultado ante el altar de la enfermería del hospital de San Juan de Dios de Lima.

Abierto pronto el proceso de su santidad, la causa ha pasado situaciones históricas de diversa índole, siendo, al fin, aprobadas sus virtudes heroicas y proclamado venerable por el papa León XIII, el 1 de enero de 1881. En la actualidad, sus restos se conservan en la Catedral de Lima, en la capilla dedicada a Nuestra Señora de la Paz.