Mitos acerca del suicidio, una charla constructiva

Imagen tomada de isglobal

En el mes de la Salud Mental se celebra en un momento en que nuestras vidas cotidianas se han visto considerablemente alteradas como consecuencia de la pandemia de COVID-19. Los últimos meses han traído muchos retos, tanto para el personal de salud, que presta sus servicios en circunstancias difíciles, y acude al trabajo con el temor de llevarse la COVID-19 a casa; tanto para los estudiantes, que han tenido que adaptarse a las clases a distancia, con escaso contacto con profesores y compañeros, y llenos de ansiedad sobre su futuro; también para los trabajadores, cuyos medios de vida se ven amenazados. También para el ingente número de personas atrapadas en la pobreza o en entornos humanitarios frágiles con muy poca protección contra el COVID-19; y para las personas con afecciones de salud mental, muchas de las cuales están todavía más aisladas socialmente que antes. Por no hablar de la gestión del dolor de perder a un ser querido, a veces sin haber podido despedirse.

Las consecuencias económicas de la pandemia ya se dejan sentir por doquier, puesto que las empresas despiden a personal en un intento de salvar el negocio, o se ven obligadas a cerrar por completo.

Según la experiencia adquirida en emergencias pasadas, se espera que las necesidades de apoyo psicosocial y en materia de salud mental aumentarán considerablemente en los próximos meses y años. Invertir en los programas de salud mental en el ámbito nacional e internacional, infrafinanciados desde hace años, es ahora más importante que nunca.

Por ello, la campaña del Mes de la Salud Mental de este año se ha propuesto conseguir el incremento de las inversiones a favor de la salud mental. 

Artículo tomado de la Organización Mundial de la Salud.