Si dejamos que nos abrume la idea de la responsabilidad que nos espera, en la vida matrimonial o en el ministerio sacerdotal, o las adversidades que se presentarán, entonces apartaremos la mirada de Jesús rápidamente y, como Pedro, correremos el riesgo de hundirnos. Al contrario, a pesar de nuestras
fragilidades y carencias, la fe nos permite caminar al encuentro del Señor resucitado y también vencer las tempestades. En efecto, Él nos tiende la mano cuando el cansancio o el miedo amenazan con hundirnos, y nos da el impulso necesario para vivir nuestra vocación con alegría y entusiasmo.

Finalmente, cuando Jesús subió a la barca, el viento cesó y las olas se calmaron. Es una hermosa imagen de lo que el Señor obra en nuestra vida y en los tumultos de la historia, de manera especial cuando atravesamos la tempestad: Él ordena que los vientos contrarios cesen y que las fuerzas del mal, del
miedo y de la resignación no tengan más poder sobre nosotros. Mensaje del Santo Padre por la 57º Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

Texto bíblico: San Juan 20, 11-18

En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella contesta: «Porque se han llevado a mi
Señor y no sé dónde lo han puesto».

Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice. «¡Rabbuní!», que significa:
«¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

Reflexión

Jesús resucitado la llama por su nombre y ella le reconoce. María le conocía bien, había ido al sepulcro buscándole, quería estar cerca de Él… y se encuentra con alguien, es Él, pero no le reconoce, es solo al pronunciar su nombre cuando todo cambia. Que importante es la relación personal, el encuentro de tu a tú como dos amigos. Jesús nos conoce y también, como a María, nos llama para que le descubramos, para que le reconozcamos como Señor…

El encuentro personal es indispensable para caminar con Él, para anunciar su Palabra, para continuar la misión… La respuesta de María es anunciar una gran noticia: “He visto al Señor”. Y es que no hay testimonio y misión sin encuentro, no hay anuncio sin relación personal. Creedlo que no podemos proponer a Jesús como amigo sin conocer de verdad que supone para cada uno de nosotros ser su amigo. Él quiere esta relación personal con cada uno de nosotros, nos llama por nuestro nombre, nos quiere como somos, somos únicos para Él. Este fue el origen de nuestra vocación, de nuestra llamada personal que recibimos quizás hace muchísmos años y que nos llevó a dejarlo todo para comenzar la misión de anunciarle con nuestra vida.

Una característica de nuestro modelo formativo Liberadora y profética: La formación capacita para hacer opciones libres desde motivaciones auténticas
con el fin de asumir progresivamente los sentimientos de Cristo, como signo de la libertad del hombre nuevo, superando miedos y condicionantes que impidan vivir en libertad. Formar en y para la libertad es preparar a los candidatos y Hermanos a ser sensibles ante los signos actuales, a denunciar las situaciones
y realidades de injusticia, pobreza y marginación que afectan negativamente la salud y la vida. Esta formación en la libertad nos capacita para anunciar la Buena Noticia y ser presencia profética, viviendo al estilo de Juan de Dios, en los diversos tiempos y lugares, con el coraje, fidelidad y confianza de los Hermanos santos y mártires que nos han precedido.

Petición del día

Te pedimos Señor por todos los jóvenes que se cuestionan su futuro desde una opción de vida en beneficio de las personas que sufren para que puedan encontrar en nuestra Familia Hospitalaria un lugar donde vivir su vocación a la hospitalidad en continuación a la obra que un día va a iniciar San Juan de
Dios. Oremos.

Oración por las Vocaciones Hospitalarias.

Padre de misericordia, que has entregado a tu Hijo por nuestra salvación y nos sostienes continuamente con los dones de tu Espíritu,
concédenos comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres, que sean fuentes de vida fraterna y que despierten entre los jóvenes
el deseo de consagrarse a Ti y a la evangelización.

Sostenlas en el empeño de proponer a los jóvenes una adecuada catequesis vocacional y caminos de especial consagración.
Dales sabiduría para el necesario discernimiento de las vocaciones de modo que en todo brille la grandeza de tu amor misericordioso.
Que María, Madre y educadora de Jesús, interceda por cada una de las comunidades cristianas, para que, hechas fecundas por el Espíritu Santo,
sean fuente de auténticas vocaciones al servicio del pueblo santo de Dios.

Amén