Monición
Queridos hermanos y hermanas:

El 4 de agosto del año pasado, en el 160 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars, quise ofrecer
una Carta a los sacerdotes, que por la llamada que el Señor les hizo, gastan la vida cada día al servicio
del Pueblo de Dios.

En esa ocasión, elegí cuatro palabras clave —dolor, gratitud, ánimo y alabanza— para agradecer a los sacerdotes y apoyar su ministerio. Considero que hoy, en esta 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, esas palabras se pueden retomar y dirigir a todo el Pueblo de Dios, a la luz de un pasaje evangélico que nos cuenta la singular experiencia de Jesús y Pedro durante una noche de tempestad, en el lago de Tiberíades (cf. Mt 14,22-33).

Después de la multiplicación de los panes, que había entusiasmado a la multitud, Jesús ordenó a los suyos que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. La  imagen de esta travesía en el lago evoca de algún modo el viaje de nuestra existencia. En efecto, la barca de nuestra vida avanza lentamente, siempre inquieta porque busca un feliz desembarco, dispuesta para afrontar los riesgos y las oportunidades del mar, aunque también anhela recibir del timonel un cambio de dirección que la ponga finalmente en el rumbo adecuado. Pero, a veces puede perderse, puede dejarse encandilar por ilusiones en lugar de seguir el faro luminoso que la conduce al puerto seguro, o ser desafiada por los vientos contrarios de las dificultades, de las dudas y de los temores.

Mensaje del Santo Padre por la 57º Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Texto bíblico: Juan 3, 5a. 7b-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».  Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?».

Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que  hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».

Reflexión

“Nacer de nuevo”, Ser nuevos, darle “otro brote” a la vida, ser capaces de revivir de aquello que se muere en nosotros, ser personas nuevas y que la luz de cada día nos haga sentir el sabor de lo nuevo, de lo que empieza… Nicodemo no entiende, ve un imposible, no ve más allá de sus fuerzas. Jesús le anima a entender
y a confiar en Él. Se puede si te dejas hacer por Él, si le miras y te cura, si le escuchas y te dejas llevar, si le colocas delante y sigues sus huellas. “Nacer de nuevo” es dejar que su Espíritu dé vida a lo que está muerto en nosotros, que nos ponga en marcha, que volvamos a ser nosotros. Es una invitación a que el renacer no
sea algo puntual sino permanente. Nacer del Espíritu es poner a Dios en la vida y plantar en Él nuestra raíz para que no haya otra tierra que la suya, otra semilla que su Palabra, otro alimento que su amor. Nacer de nuevo es querer ser hijos del Espíritu y esto nos convierte en portadores de novedad, de sentido, de vida, de fuerza y verdad… a este mundo que envejece, que en ocasiones como la que estamos viviendo con esta pandemia del coronavirus se cansa de esperar y de creer que algo nuevo va nacer de todo esto, que se olvida de Él.

Una característica de nuestro modelo formativo Integral: Un estilo de formación desde el paradigma integral, supone asumir los presupuestos de la antropología y de los elementos esenciales de la vida consagrada.  Toda persona logra vivir su vocación con armonía y equilibrio en la medida en que es capaz de descubrirse habitado y amado por Dios. A nivel vocacional descubrimos la fuerza de la llamada de tal manera que podemos llegar a constatar que es cierta la expresión, “soy llamado, luego existo”. Todas las dimensiones de la personalidad (psicología, corporalidad, afectividad-sexualidad, sociabilidad, espiritualidad, mundanidad…) son integradas, desarrolladas y analizadas a la luz de la llamada de Dios y desde la propia plenitud a la que aspiramos como personas en proceso formativo.

Petición del día

Nuestra sociedad atraviesa una situación muy convulsa y agitada por el coronavirus y necesita de personas que aporten valores y un estilo diferente de vida. Pedimos por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, para que, conducida por el Espíritu y enriquecida por el testimonio de vida de cada uno de sus miembros, sea signo del evangelio de la misericordia. Oremos Oración por las Vocaciones Hospitalarias.

Padre de misericordia, que has entregado a tu Hijo por nuestra salvación y nos sostienes continuamente con los dones de tu Espíritu, concédenos comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres, que sean fuentes de vida fraterna y que despierten entre los jóvenes el deseo de consagrarse a Ti y a la evangelización.

Sostenlas en el empeño de proponer a los jóvenes una adecuada catequesis vocacional y caminos de especial consagración. Dales sabiduría para el necesario discernimiento de las vocaciones de modo que en todo brille la grandeza de tu amor misericordioso.

Que María, Madre y educadora de Jesús, interceda por cada una de las comunidades cristianas, para que, hechas fecundas por el Espíritu Santo, sean fuente de auténticas vocaciones al servicio del pueblo santo de Dios. Amen