«Mi felicitación pascual, con el deseo de que el Señor Resucitado llene de consuelo y de esperanza a todos. ¡Feliz Pascua de Resurrección!.»

Roma, 6 de abril de 2020

Pascua 2020

A todos los Hermanos y Colaboradores, miembros de la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios

Estamos terminando el camino cuaresmal y acercándonos a la Santa Pascua, en la que celebraremos la alegría de la Resurrección de Cristo. Con tal motivo deseo enviar a toda la Familia de San Juan de Dios y a todos los familiares y personas asistidas en los Centros y Servicios de la Orden, mi felicitación pascual, con el deseo de que el Señor Resucitado llene de consuelo y de esperanza a todos. ¡Feliz Pascua de Resurrección!.

Estamos viviendo un momento muy especial en el mundo a causa de la pandemia del coronavirus, que tanto sufrimiento está produciendo, con el resultado de muchos enfermos y muchas personas que han perdido la vida. Cuando escribo esta carta de felicitación pascual a toda la Orden, la situación es muy dificil en muchos lugares del mundo, especialmente en Europa y las previsiones son que necesitaremos tiempo para superar este duro momento, que incluirá el tiempo litúrgico pascual. De hecho en mucho lugares del mundo este año la Semana Santa y la solemnidad de la Pascua no se podrán celebrar como de costumbre. Mucha gente solo podrá seguirlo por televisión o vivirlo en casa. Lo importante es que no pase desapercibido, porque este año también llegará la Pascua y la Resurrección, fundamento de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestra vida.

En esta situación de dolor, de sufrimiento y de muerte, más propio del viernes santo, no resulta fácil decir bonitas palabras ni siquiera hablar de alegría, de vida, en definitiva de resurrección. Sin embargo hemos de poner nuestra confianza y esperanza plenamente en el Señor de la Vida, en quien también vivió el sufrimiento y la humillación hasta morir en la cruz y fue sostenido y resucitado por el Padre.

Por eso las palabras del ángel a las mujeres, como nos relata el evangelio de San Mateo son más que nunca oportunas para nosotros y para toda la humanidad: No temáis, el crucificado no está aqui. Ha resucitado. Es el mensaje de esta Pascua, a un mundo y a una Iglesia asustada y que está sufriendo una pandemia sin precedentes e inesperada. Hay mucho dolor y seguramente continuará habiéndolo por un tiempo. Pensemos que también ahí, en el dolor, el Cristo del viernes santo, sigue crucificado con quienes sufren las consecuencias de esta pandemia. Pero alzemos los ojos, porque con el mismo Cristo, somos llamados a la vida y a la Resurrección. Podríamos sintetizar de modo secular el mensaje de esta Pascua, con el lema que estos días se ha hecho popular en Italia: Tutto andrà bene. No temáis: ha resucitado y con Él lo superaremos.

Por las informaciones que vamos dando conocéis en qué modo esta pandemia está afectando a la Orden en el mundo y sobre todo cómo la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios en todo el mundo, se está implicando con el resto de la sociedad para frenar y detener la pandemia. Por desgracia, un buen número de los nuestros, Hermanos y Colaboradores, han sido víctimas del contagio e incluso algunos han perdido la vida. A ellos un homenaje por su generosidad y entrega, con la certeza de que están viviendo para siempre con el Resucitado. Para todos nuestra oración permanente.

Deseo agradecer y tener presentes a todos los que cada día estáis trabajando en primera línea, como verdaderos y fieles hijos de San Juan de Dios, el cual sin duda está orgulloso de vosotros. La hospitalidad implica entregar todo con generosidad, especialmente en estos momentos. Hemos de hacerlo con responsabilidad, guardando las medidas de protección necesarias, pero hemos de velar para que los enfermos y los pobres sean asistidos, especialmente aquellos más necesitados y que tienen el riesgo de ser excluidos y dejados a parte, como los sin hogar, inmigrantes, discapacitados y otros.

En este sentido y junto a mi carta de Pascua os adjunto el testimonio de un Colaborador nuestro de Madrid. Sus palabras y sobre todo su fe y su compromiso, unido al de toda nuestra Familia de San Juan de Dios en el mundo, es un mensaje de esperanza, de vida y de resurrección.

Deseo pedir para toda la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios, la protección especial de nuestro Fundador y de San Juan Grande, el cual falleció contagiado en una epidemia de peste. También la protección de San Ricardo Pampuri, de quien el próximo uno de mayo se clausurará la celebración de un Año Jubilar solicitado por la diócesis de Pavía y del que hemos participado, especialmente la Provincia Lombardo Veneta. Finalmente la protección del Beato José Olallo Valdés, que el pasado 12 de febrero celebramos los 200 años de su nacimiento. Ellos y otros muchos, vivieron situaciones como la que nos toca vivir ahora a nosotros o similares. Ellos mantuvieron siempre firme la confianza, la fe y la esperanza en el Resucitado, ellos nos enseñan, a ser audaces, a no tener miedo, como dice el ángel del Señor porque ¡Ha resucitado! y por tanto Tutto andrà bene.

De parte del Gobierno General y de toda la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios de la Curia General,  ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!.

Hno. Jesús Etayo

Superior General

 

Testimonio de un Colaborador en tiempo de COVID – 19

(Es un whatsapp escrito a un Hermano)

Buenas tardes hermano .

Difíciles momentos para otra cosa que no sea transmitirte todo mi ánimo y apoyo.

Espero que tu salud te permita desempeñar tus labores.

Por aquí,  yo he pasado a desempeñar mi tarea profesional en planta con pacientes, que es esa la necesidad de la casa en este momento.

Es evidente que es una situación difícil para todos. Que se tambalean los pilares que sostienen nuestra idea de la sociedad. Ninguno de nosotros ha vivido una situación ni siquiera parecida.

Estos días en los que desempeño mi labor con estas personas, que te miran con los ojos muy abiertos, y que no saben si van a morir, que se aferran a una sonrisa para no pensar en que todo puede ir a peor, que son conscientes de que un beso, una caricia, un abrazo, se estrellan contra las barreras como guantes, mascarillas, batas, etc., el lenguaje de los ojos se ha hecho fundamental. Ojos que, por encima de la mascarilla, expresan todo ese cúmulo de sentimientos que la boca no puede articular, como la angustia e incertidumbre,  y también,  y porqué no,  la confianza en que al final, todo pase.

Ver a Jesús en el otro, es esa una capacidad que solo la fe en Cristo puede poner de manifiesto, y eso, querido hermano,  es algo que estos días se me hace muy presente. Ver los ojos del Señor sufriente, detras de los de ese paciente que me mira, me hace sobreponerme al cansancio, la preocupación y la angustia.

Cuánto buen samaritano lo es (hay), sin saberlo. Cuanto discípulo de Juan de Dios, sin conocerle. Qué vigente (está) el carisma, qué valioso su legado.

Gracias hermano, a la Orden, por estar en el cabecero del que sufre, y permitir, que personas como yo, puedan ver a Jesús, en esa cama.

Como siempre, a tu disposición.

Un fuerte abrazo.

Angel Alberto Garcia

Auxiliar de Enfermería de la Fundación Instituto San José

Hermanos de San Juan de Dios

Madrid, 22 de marzo 2020