1897 TRIVOLZIO – 1930 MILÁN

Herminio Felipe nació en Trivolzio, localidad a doce kilómetros de Pavía, el 2 de agosto de 1897. Al día siguiente fue bautizado. Décimo de once hijos de Inocente Pampuri y de Ángela Campari. De mucha importancia para la orientación de nuestro Santo fue también la presencia de un sacerdote, don Ricardo Beretta, a quien el doctor Pampuri encontró en el Año Santo de 1925. Fue precisamente don Ricardo quien habló al entonces Provincial de la Orden de San Juan de Dios, P. Zacarías Casstelli. Existía el grave problema de la salud, pero el buen superior, después de haber examinado bien el caso, con conciencia tranquila decidió aceptarlo, convencido de la sinceridad de su vocación.

Su madre murió el 25 de marzo de 1900; su padre más tarde, en 1907, en un accidente de carretera. Después de la muerte de su madre, Herminio fue acogido en casa del abuelo materno, Juan Campari, acomodado arrendatario de Torrino Pavese, localidad distante tres kilómetros de Trivolzio.

El ejemplo de su hermana le sirvió siempre de estímulo y como modelo de vida espiritual: Sor María Longina, de las Misioneras Franciscanas del Inmaculado Corazón de María, destinada en Egipto, que murió en El Cairo el 2 de agosto de 1977.

Herminio empezó en la escuela a la edad de seis años, yendo cada día al pueblo vecino de Trovo, donde cursó también el segundo y tercer grado de escuela elemental. Al terminar el tercer grado tuvo que llegar hasta Casorate Primo, a cinco kilómetros de Torrino, para cursar en cuarto y quinto grado.

Terminada la escuela elemental en 1909, hizo la secundaria: el primer año en el Colegio Manzini de Milán y los cuatro siguientes en el Colegio San Agustín de Pavía, donde cursó también la escuela secundaria superior en el Instituto Ugo Foscolo, aunque continuaba siendo alumno interno del Colegio de San Agustín.

De esos años de escuela secundaria recordamos solamente lo que comentó don Roberto Cerri, entonces director espiritual del Colegio: “Por sus costumbres y por su piedad era verdaderamente un ángel; un estudiante distinguido y ejemplar.”

Fue durante estos años cuando fundó, naturalmente con la colaboración del párroco, la Acción Católica Juvenil y el Círculo “Don Bosco”. Escogiendo los mejores jóvenes, formó un grupo con el cual iba todas las tardes a visitar al Santísimo Sacramento.

Se llega así a 1915, cuando Pampuri se inscribió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pavía, donde realizó sus estudios universitarios de 1915 a 1921, y se doctoró con la máxima calificación el 6 de julio de 1921.

Mientras cursaba los estudios universitarios se inscribió en el Círculo “Severino Boezio”, fundado por el Obispo Mons. A. Riboldi, para la formación espiritual y moral de los jóvenes universitarios; en marzo de 1921 ingresó en la Tercera Orden Franciscana.

Durante sus años universitarios tuvo lugar un sangriento episodio, que refiere, sin recordar la fecha, uno de los testigos del Proceso Ordinario. Durante una demostración estudiantil murieron dos estudiantes, y Pampuri, con valor cristiano, se acercó a los dos cadáveres y rezó junto a ellos.

Pampuri se dedicó a combatir la enseñanza positivista y materialista, tan de moda entonces entre sus colegas, y a inmunizarlos con el antídoto de la verdad cristiana. El caminaba según las buenas cumbres e invitaba así a los otros a seguirle.

En la I Guerra mundial, Pampuri fue reclutado como soldado el 1 de abril de 1917, y por ser estudiante de Medicina le asignaron a la 86 Sección de Sanidad y le enviaron al frente de la guerra.

Mediante una carta a su hermana religiosa, con fecha 1 de septiembre de 1917, llegamos a conocer su actividad y su dolor por las atrocidades de la guerra: “Hace dos semanas que estoy sirviendo en la sala de emergencias de un pequeño hospital del campo. ¡Qué estrago de la pobre carne humana, qué heridas, qué desgarraduras, cuántos miembros del cuerpo destrozados! ¡Esperemos que por la misericordia divina esta calamidad termine pronto, muy pronto”!.

Quizá en esta experiencia que tuvo, asistiendo a los soldados heridos en frente de batalla, es donde se puede recoger la nota saliente de aquel cristiano poema de amor que fue su futura actividad de médico, como también la semilla de su futura vocación religiosa.

Empezó a desarrollar su profesión médica en el municipio de Morimondo. A veintisiete kilómetros de Milán y a seis de Abdiategrasso se encuentra este pueblo tranquilo de la vasta llanura que desciende hacia el Ticinio: se trasladó Pampuri con su hermana Margarita, viviendo allí de 1921 a 1927.

Se deben anotar algunos aspectos particulares que caracterizan la vida cristiana, ascética y profesional del Santo durante los seis años que transcurrió como médico municipal de Morimondo: vida interior de piedad, vida profesional a base de sacrificios y de amor al prójimo, vida de acción católica iluminada y creadora, especialmente entre los jóvenes de la parroquia.

Al cuidado escrupuloso y a la puntualidad cronométrica para con los enfermos, el doctor Pampuri añadía una sensibilidad extraordinaria que le ponía sobre aviso de las necesidades de sus enfermos y le hacía encontrar medios geniales para aliviarlos. Un buen campesino de Morimondo, Enrique Repossi, narra lleno de gratitud que en 1925 el “médico santo”, durante su persistente enfermedad de tifus, le hacía hasta cuatro visitas al día y al menos dos durante la noche, y que en el momento más difícil de la crisis pasó toda la noche a su cabecera, sin aceptar nada, ni siquiera una taza de café.

Después de una búsqueda interior sin tregua, después de haberse aconsejado con muchas personas, Pampuri optó definitivamente por la vida religiosa.

El mismo Santo dice que a los ocho años había advertido cierta vocación religiosa, que volvió a sentir con toda claridad durante los años que pasó en Morimondo. Aconsejado por un sacerdote milanés, le orientó hacia la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

De mucha importancia para la orientación de nuestro Santo fue también la presencia de un sacerdote, don Ricardo Beretta, a quien el doctor Pampuri encontró en el Año Santo de 1925. Fue precisamente don Ricardo quien habló al entonces Provincial de la Orden de San Juan de Dios, P. Zacarías Casstelli. Existía el grave problema de la salud, pero el buen superior, después de haber examinado bien el caso, con conciencia tranquila decidió aceptarlo, convencido de la sinceridad de su vocación.

Ingresó así en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Milán el 22 de junio de 1927; en silencio, sin decir nada ni siquiera a su hermana Margarita. Estuvo en la residencia del Provincial hasta el 7 de julio, cuando dejó Milán para ir al Hospital de Santa Ursula, en Brescia, donde comenzó el noviciado el 21 de octubre del mismo año.

Herminio, así se llamaba por última vez, al momento de la toma de hábito religioso tiene un ulterior rasgo de delicadeza, cuando pide a los superiores poder llamarse Ricardo, como signo de gratitud hacia su excelente consejero, el sacerdote don Ricardo Beretta.

Novicio de apenas cinco días le escribe a su hermana religiosa: “No puedo sino agradecer de todo corazón la bondad del Señor y la misericordia que me ha concedido al llamarme a este estado… Me pondré por completo en las manos de Jesús y de su Santísima Madre”.

El 2 de octubre de 1928, fiesta del Arcángel Rafael, “Medicina de Dios”, el Hermano Ricardo, hizo en la casa del noviciado la profesión de los votos temporales de castidad, pobreza, obediencia y hospitalidad.

Hecha la profesión religiosa, el Hermano Ricardo fue destinado por la obediencia a la instrucción de los Hermanos jóvenes que habían de conseguir su diploma de enfermeros. Con mucha inteligencia y amor se convierte así en excelente profesor de los religiosos, que se sentían orgullosos de su joven maestro.

Al mismo tiempo se le confió también la responsabilidad del dispensario de cirugía dental. A pesar de que era una actividad relativamente nueva para él, aceptó el encargo y lo desempeñó con profesionalidad y con sentido de obediencia.

Como ejemplo de su bondad, basta un episodio como muestra: Un jovencito había ido al consultorio del “doctorcito” con un fuerte dolor de muelas. Apenas entró, el Hermano Ricardo le preguntó si tenía miedo. El chico respondió afirmativamente. Entonces le hizo sentar, le sacó la muela y, sonriendo, le invitó a pagar. El chico se sintió desconcertado, porque no tenía dinero. El Hermano Ricardo le dijo: “Está bien; entonces pago yo”. Y le dio dos liras.

El Hermano Ricardo fue siempre muy delicado de salud. A causa de esto había tenido algunas dificultades en la realización de su vocación a la vida religiosa. Pero el mal que se temía improvisadamente apareció con toda su gravedad en la primavera de 1929, con el síntoma inconfundible de la hemoptisis.

Inútiles fueron todas las tentativas de los superiores: le enviaron primero a Gorizia, luego a Torrino, entro los suyos, donde estuvo hasta el 10 de enero, en que se parecía más repuesto y regresó al Hospital de Santa Úrsula. Allí permaneció hasta el 18 de abril de 1930, cuando al agravarse la enfermedad, le llevaron a la Clínica San José de Milán. Vivió todavía trece días.

Su cama se transformó inmediatamente en meta de peregrinaciones. Fueron a visitar al humilde enfermo el Obispo de Pavía, Mons. Ballerini, muchos colegas y especialmente sus antiguos compañeros de universidad, la familia acongojada por el dolor, numerosos paisanos de Torrino y de Morimondo. Cuando se alejaban del cuarto, a todos el Hermano Ricardo repetía: “Hasta luego, en el Paraíso”.

En los últimos días de su vida el Santo, con alta fiebre y sufriendo mucho, decía a don Ricardo Beretta: “Padre, ¿cómo me acogerá Dios?” Y mirando al cielo añadía “¡Lo he amado mucho y mucho lo amo!”.

Estaba y para terminar su estancia en el mundo. Con un espíritu de fe admirable recibió los últimos sacramentos de las manos de su maestro de novicios, Hermano Inocente Monculli. Don Beretta le administró el Viático. Entró en agonía apretando un crucifijo con la mano.

Cuando murió, era el 1 de mayo de 1930, comienzo del mes mariano, su mes preferido.

El funeral se celebró el 4 de mayo El “doctorcito” estaba rodeado de amigos, familiares, religiosos. Sus restos fueron acompañados a Torrino. Desde allí, entre la conmoción de sus conocidos de Torrino y de Morimondo, llevados a hombros por los jóvenes de Acción Católica, fueron conducidos a la iglesia parroquial de Trivolzio, antes de darles sepultura en el pequeño cementerio local.

La inscripción sobre su tumba decía: “En el mundo y en el claustro, angélicamente puro, eucarísticamente piadoso, apostólicamente trabajador”.

El 16 de mayo de 1951 los restos del Santo fueron exhumados y trasladados del pequeño cementerio de Trivolzio a la iglesia parroquial, donde se le dio sepultura al lado del baptisterio donde le habían bautizado. Estaban presentes Obispos de Pavía, Mons. Carlos Allorio, y su vicario general, varios superiores y religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, autoridades locales y una gran multitud de gente proveniente de los pueblos y de los barrios cercanos.

Inmediatamente, la tumba del Santo comenzó a ser meta de peregrinaciones por parte de muchos que, de cerca o de lejos, venían para implorar gracias por su intercesión, mientras que la fama de su santidad y el confiado recurso a su intercesión se difundían ampliamente en Italia, en Europa y en otros continentes.

La creciente fama de santidad y las muchas gracias, incluso prodigiosas, obtenidas mediante la intercesión del Hermano Ricardo en Italia y en otros muchos lugares indujeron desde 1947 a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios a promover y llevar a feliz término la causa de beatificación, 4 de octubre de 1981: Juan Pablo II lo proclamó Beato al Venerable Ricardo Pampuri.

En la Homilía de la Beatificación, Juan Pablo II dijo de él: “Es una figura extraordinaria, cercana a nosotros en el tiempo, pero más cercana a nuestros problemas y sensibilidad… La vida breve, pero intensa, del Hermano Ricardo es un acicate para todo el pueblo de Dios, pero especialmente para los jóvenes, para los médicos, para los religiosos”.

El 1 de noviembre de 1989 fue declarado santo por el mismo Papa Juan Pablo II , proponiéndole como ejemplo a toda la Iglesia a San Ricardo Pampuri, médico y religioso de San Juan de Dios.