Monición
También sucede así en el corazón de los discípulos. Ellos, que están llamados a seguir al Maestro de Nazaret, deben decidirse a pasar a la otra orilla, apostando valientemente por abandonar sus propias seguridades e ir tras las huellas del Señor. Esta aventura no es pacífica: llega la noche, sopla el viento contrario, la barca es sacudida por las olas, y el miedo de no lograrlo y de no estar a la altura de la llamada amenaza con hundirlos.

Pero el Evangelio nos dice que, en la aventura de este viaje difícil, no estamos solos. El Señor, casi anticipando la aurora en medio de la noche, caminó sobre las aguas agitadas y alcanzó a los discípulos, invitó a Pedro a ir a su encuentro sobre las aguas, lo salvó cuando lo vio hundirse y, finalmente, subió a la barca e hizo calmar el viento.

Mensaje del Santo Padre por la 57º Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

Texto bíblico: San Juan 14, 6-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a Tomás: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras, Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.»

Reflexión
Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre.
¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿Conocemos a Jesús? ¿Nos pasa como a Felipe? Llevamos tanto tiempo siguiéndole y entregándole la vida, pero… ¿Le conocemos? Quizás si somos sinceros con nosotros mismos no sepamos que responder. No basta con saber parte de su Palabra o cumplir con los preceptos de la Iglesia. Conocer a alguien bien, a alguien que nos interesa conocer, a alguien con el que queremos mantener una amistad, una relación, es tener un trato habitual con Él, es adelantarse en ocasiones a sus intenciones, es ofrecerle aquello que le gusta, que le llena, que le agrada. Felipe como nosotros conoció a Jesús, pero no se había percatado de lo fundamental… ¿Somos conscientes de que Jesús nos está proponiendo un Dios diferente, un Dios al que llamar Padre? ¿Somos conscientes que lo que nos propone no es un culto sino una manera nueva de vivir? ¿Nos conformamos con leer su Palabra o queremos hacer de ella proyecto de vida? Conocer a Jesús es amarle, es descubrir cada día su novedad. ¿Cuál es la novedad que Jesús me está proponiendo en este tiempo Pascual? Que no nos asuste conocerle, al contrario, que gocemos de estar y vivir con Él.

Una característica de nuestro modelo formativo

En Proceso: Nosotros, a lo largo de la vida y de forma progresiva, desarrollamos nuestra vocación a partir de la integración de todas las experiencias y dimensiones que posibilitan la maduración y el crecimiento personal. Nuestro modelo formativo se basa en el modelo de la persona de Cristo, el “hombre libre”, que, a lo largo de toda su vida en la tierra, se siente enviado, desea hacer la voluntad del Padre y se entrega a la realización del plan de salvación de la  humanidad. Como Buen Samaritano “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal” Cristo, como hombre, experimenta en su vida todo un proceso de crecimiento desde su encarnación hasta su glorificación.

Petición del día 

Señor te pedimos por nuestros gobernantes, para que rijan los pueblos desde el Servicio, sin utilizar el poder en beneficio propio, intentando escuchar la voz del pueblo y promoviendo los derechos de los más desfavorecidos. Oremos Oración por las Vocaciones Hospitalarias.

Padre de misericordia, que has entregado a tu Hijo por nuestra salvación y nos sostienes continuamente con los dones de tu Espíritu, concédenos comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres, que sean fuentes de vida fraterna y que despierten entre los jóvenes el deseo de consagrarse a Ti y a la evangelización.

Sostenlas en el empeño de proponer a los jóvenes una adecuada catequesis vocacional y caminos de especial consagración.
Dales sabiduría para el necesario discernimiento de las vocaciones de modo que en todo brille la grandeza de tu amor misericordioso.
Que María, Madre y educadora de Jesús, interceda por cada una de las comunidades cristianas, para que, hechas fecundas por el Espíritu Santo, sean fuente de auténticas vocaciones al servicio del pueblo santo de Dios.

Amen