En general es bien conocido que los trastornos mentales son muy frecuentes en todo el mundo y las personas regularmente no consultan a los servicios de salud mental sino es hasta cuando los síntomas se tornan muy severos o ya existen riesgos inminentes para la integridad de los individuos, en este escenario es muy importante poder reconocer cuando existen alteraciones que podrían llegar a configurar un trastorno mental que requiera intervención.

Los seres humanos viven un sinnúmero de experiencias subjetivas en el día a día, afectos de distintas calidades, pensamientos de todo tipo y conductas que se van moviendo de acuerdo a los estímulos del contexto o provenientes de sí mismos, así se considera normal que frente a los retos del cotidiano vivir las personas lleguen a estar en un mismo día tristes o felices, pensar repetidamente en un problema o estar más activos de lo habitual en una situación que lo exija, como cuando se aumenta el volumen de trabajo, entonces ¿cuándo pensar en un trastorno mental que necesite apoyo de un profesional?, ¿cómo se observan estos síntomas en las personas y en uno mismo?, no hay respuestas universales pero sí unas señales de alarma que pueden abarcar los síndromes psiquiátricos más comunes.

Si a la vida llega una experiencia emocional llámese tristeza o ansiedad, o un pensamiento

recurrente que antes no era tan evidente, y se instauran de manera intensa y continua (todo el tiempo durante varias semanas) y además provocan que se deje de funcionar como se venía haciendo (en el trabajo, estudio, o en las relaciones interpersonales), hay una alta probabilidad de estar frente a una enfermedad mental, y será necesario consultar.  Es también frecuente encontrar alteraciones en los patrones de sueño y alimentación que podrían indicar la presencia de síntomas mentales asociados.

El conocerse terminará siendo una de las principales condiciones para la detección temprana en uno mismo de este tipo de enfermedades, que igual que muchas otras, tiene mejores pronósticos cuando el diagnóstico y tratamiento se realizan en las primeras fases.   Para tener una aproximación a la detección en las personas que conocemos, se podrían tener en cuenta cambios en la manera de ser que se asocien a dificultades en el convivir y en el funcionamiento que habitualmente tenía la persona.

No todas las tristezas son depresiones, pero todas las depresiones necesitan ayuda, para los distintos trastornos mentales existen en la actualidad muchas formas de brindar apoyo y tratamiento desde una perspectiva científica.

En épocas de fin de año es natural que de vez en cuando se presenten ciertas inquietudes financieras o laborales, se reflexiona sobre lo que se hizo y se dejó de hacer y se enfrenta al año que comienza, que puede estar acompañado de una serie de responsabilidades que llegan a ser preocupantes.  Estos retos tendrán que ser pensados en tranquilidad, no hay peor consejero que la desesperación, deben ser resueltos con expectativas reales, con planes que sean viables.  En general hay que asumir que son situaciones que tienen un límite de tiempo y que con buen juicio podrán ser solventadas sin mayores dificultades, sin embargo también resultan excelentes oportunidades para conocerse, para observar de que fortalezas se dispone y que áreas de crecimiento y mejora se evidencian, es un momento como tantos otros de la vida que puede generar aprendizajes, la experiencia debe dar pie a desarrollos personales que eviten que se lleguen cometer los mismos errores.